
“What Not to Wear” es un reality show del Reino Unido basado en dos expertos de la moda que pretenden cambiar no sólo el look sino también los hábitos de consumo de los concursantes. Estos son escogidos por sus familias y amigos quienes consideran que su aspecto no es el adecuado, envían videos y mediante estos los participantes son escogidos. En el show la persona recibe alrededor de $3000 de consumo en tarjeta de crédito para cambiar su guardarropa, la condición principal para recibir el dinero es botar toda su ropa actual y hacer caso a los consejos de los expertos. Durante las compras estos son observados a través de cámaras y si no cumplen con los parámetros de lo previamente establecido los especialistas los obligaran a hacerlo.
Como se nos dijo en el texto “Moda e identidad”, la modernidad trajo a nuestras vidas una nueva necesidad: verse bien ante todo. Dentro de este juego la moda se vuelve el eje principal sobre el cual se crean los estereotipos sociales, y con estos la capacidad de categorizar a los individuos entre los que “están en onda” y los que no, los segundos normalmente se sienten alienados del sistema de la metrópoli.
Para mí, este show representa este proceso. En el que uno es juzgado por la sociedad por cómo se ve y mientras no cumpla con los requisitos del “buen vestir” nunca dejara de percibírsele como extraño. En este caso, muchas veces los concursantes no están consientes de que se los considera un “atentado a la moda”. Viven más por la línea de lo romántico, podría considerar incluso que no están conscientes de que no son parte activa de la tendencia global de la moda, y tampoco les importa. De repente, su vida privada se convierte en un evento público para el deleite de millones alrededor del mundo y son vulnerables a la crítica y a los estereotipos, es decir hay esa ruptura clásica de la modernidad entre lo público y privado.
En el programa podemos ver la importancia de la ropa como un regulador social. En un principio los expertos tratan de convencer al concursante porque su estilo no es el indicado y lo convencen de vestirse como el resto. Finalmente, el concursante es peinado y maquillado, modela su nuevo look hacia el mundo, familiares y amigos, y se presenta como alguien nuevo y diferente. Después de este “extreme makeover” el individuo pasa a ser aceptado.
Aunque lo que se pretende es que la persona aprenda a vestirse, como la industria de la moda lo permite, también es importante que el participante mantenga su esencia diferenciadora. Es por ello que se les permite la utilización de accesorios que reflejen de manera sutil quienes su yo interno, es decir su identidad.
Considero que este es un buen ejemplo de la presión que ejercen las tendencias de la modernidad en la vida de los individuos del mundo. Esta contradicción entre verse “bien” como el resto, pero al mismo tiempo ser diferente y no caer en lo masivo, se convierte muchas veces en un imposible. Sobre todo cuando hay estos “entes reguladores” están diciéndonos qué es aceptable para vernos bien. Quisiera finalizar con una cita de Simmel, que pone en juicio el objetivo principal del programa: ser tu mismo pero con estilo.
“Nuestra libertad cojea si utilizamos objetos que nuestro ego no puede asimilar”.
Si nuestro yo interno no puede se siente representado por la indumentaria que usamos por cumplir con las tendencias de la moda, no estamos siendo ni libres de elegir, ni lo suficientemente valientes para mostrar lo que somos.
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